Tu vida va a dar un vuelco completo con la llegada de un nuevo miembro a la familia, es normal que estés nerviosa.
Sobre todo intenta disfrutar de esta experiencia única y no te obsesiones con hacerlo todo perfecto; nadie es perfecto, y los padres tampoco.

El bebé

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Un bebé tiene unas necesidades básicas muy marcadas: dormir, comer y por supuesto la higiene.
Intenta respetar su ritmo, crea un ambiente en el que esté relajado, y asegúrate de que siempre está limpio y seco.
Los bebés muy pequeños no lloran para llamar la atención, así que si lo hace es señal de que tiene alguna necesidad, aunque no siempre tiene por qué ser hambre: puede que tenga sueño y no consiga dormirse por el ruido o el calor, o que necesites cambiarlo.
Conforme va creciendo es bueno que vayas marcando un ritmo para que no termine manipulando tus horarios: si no le pasa nada, sé tú quien decide cuándo es tiempo de jugar, cuándo de bañarse, etc… Cuanto antes le acostumbres a dormir solo, antes asociará el sueño a su cuna y más a gusto estará en ella.

La mamá

Es natural que intentes hacer todo por tu bebé, pero piensa también en ti. No podrás estar con él a gusto si no descansas o comes, estás irritable, etc…
Acepta la ayuda de los demás, que también disfrutarán con la oportunidad de hacer algo por el bebé.

El papá y el resto de la familia

La llegada del bebé cambia totalmente la vida de la pareja, también del padre. Intentad seguir conservando algunos momentos para vosotros.
Haz partícipe al padre del cuidado del bebé, anímale a ayudarte y él también disfrutará.
Si tienes otros hijos, piensa que ellos también notarán el cambio. Dependiendo de la edad, pueden surgir celos por la llegada del nuevo “invitado”. Intenta integrarlos también en la atención del bebé, aunque sea contigo.
Recuerda que un niño pequeño no tiene tu capacidad para entender que ahora la atención se ha de repartir, sé paciente e intenta explicárselo con cariño.